Me
gusta dormir.
Sueño
contigo, sueño con otros,
con la
casa de techo de cristal
para
tomar el sol y bailar estrellas.
Esa
casa que dejamos
para
venir a esta ciudad anciana
con
alma de pueblo y edificios
asegurados
contra incendios.
La casa
de la cama pequeña,
de los
bailes interminables
al pie
de la montaña.
Me
gusta dormir porque a veces
se me
aparecen mujeres, nunca imaginarias:
las que
vi crecer, las que tienen mi sangre
y las
nuevas criaturas de la realidad.
Hay una
que cuida de todas las almas
y
contagia una tibieza que sonríe:
otra,
muy bella, que juzga con sonrisas y miradas;
una más
que se impuso un castigo
y lo
paga religiosamente.
Me
gusta dormir, me gusta soñar
y
despertar hablando para que no se me olvide
que
tengo que contarte los pasos que he dado,
las
discusiones, los escenarios; decírtelo todo
y
redimir la injusticia
de no
poder soñar los mismos sueños.

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