viernes, 17 de enero de 2014

Ajusticiar la noche

Me gusta dormir.
Sueño contigo, sueño con otros,
con la casa de techo de cristal
para tomar el sol y bailar estrellas.
Esa casa que dejamos
para venir a esta ciudad anciana
con alma de pueblo y edificios
asegurados contra incendios.
La casa de la cama pequeña,
de los bailes interminables
al pie de la montaña.

Me gusta dormir porque a veces
se me aparecen mujeres, nunca imaginarias:
las que vi crecer, las que tienen mi sangre
y las nuevas criaturas de la realidad.
Hay una que cuida de todas las almas
y contagia una tibieza que sonríe:
otra, muy bella, que juzga con sonrisas y miradas;
una más que se impuso un castigo
y lo paga religiosamente.

Me gusta dormir, me gusta soñar
y despertar hablando para que no se me olvide
que tengo que contarte los pasos que he dado,
las discusiones, los escenarios; decírtelo todo
y redimir la injusticia

de no poder soñar los mismos sueños.


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